Las ecociudades llevan un tiempo apareciendo como promesa para traer la sostenibilidad a las ciudades. Se plantean como proyectos integrales de construcción de espacios utópicos de desarrollo de nuevos entornos habitables que cumplen al máximo con los requerimientos de reducción de emisiones de CO2 (zero emissions), de residuos (zero waste), etc. Encierran una visión optimista (se puede construir desde sus bases una estructura urbana capaz de ser sostenible por sí misma y de mantener un equilibrio sistémico en su funcionamiento ecológico) pero también una visión pesimista (es imposible conseguirlo en la ciudad ya construida y no merece la pena dedicar esfuerzos a resolver la insostenibilidad del modelo urbano actual). Tenemos ejemplos conocidos internacionalmente como Masdar o Dongtan (esta última ciudad, con sospechas de ser sólo propaganda), planteados como mega-proyectos, y otros a escala menor en procesos de regeneración urbana como el conocido caso de Hammarby Sjöstad (ecobarrios), y en todos los casos construyen sobre nuevo un ideal sostenible. El Manual para el proyecto de ecociudades en Europa, fruto del proyecto Ecocity, es una buena guía para entender cómo se diseñan este tipo de intervenciones, aunque en este caso sobre todo se aborda a escala de barrio.
He encontrado en el nuevo libro publicado por Earthscan, Building for a climate change. The Challenge for Construction, Planning and Energy, un capítulo muy crítico con el actual auge de las eco-ciudades (eco-towns or eco-cities) como desarrollo urbanístico integral basado en criterios de sostenibilidad. El capítulo (Eco-towns: opportunity or oximoron) se centra en justificar cómo las autoridades británicas han rechazado sistemáticamente este tipo de proyectos.
En una importante polémica hace casi dos años (circunscrita al caso británico, pero de interés general), Simon Jenkins, periodista especializado en temas urbanos y arquitéctónicos de The Guardian, señaló de forma clara dónde está el problema y escribió un artículo completo (Ecotowns are the greatest try-on in the history of property speculation) donde destaca una frase lapidaria: "Building new houses emits 4.5 times more carbon than rehabilitating old ones, new eco-towns are a big failure". Dermot Finch, director del Centre for Cities acudió unos días después con argumentos similares en Eco-towns are not the answer to climate change or housing needs e incluso el propio Richard Rogers intervino con una respuesta en el propio periódico, apoyando estos planteamientos críticos y sugiriendo a las autoridades abandonar la idea de apoyar la construcción de una serie de eco-ciudades en el país. A pesar de esta polémica, finalmente a mediados de 2009 el gobierno británico apoyó la construcción de cuatro eco-towns, con la oposición, entre otros, del movimiento en defensa del territorio rural.
Ethel Baraona escribió hace poco un artículo muy preciso sobre los problemas de concepto de una arquitectura pretendidamente sostenible que olvida mirar al metabolismo urbano en su conjunto, donde está el problema central del modelo energético de las ciudades. En la polémica británica añadían un elemento extra, el de la posibilidad de favorecer procesos inmobiliarios especulativos sobre terrenos aún no edificados, elemento que en nuestro caso no llega a ser significativo, porque, desgraciadamente, no hemos necesitado de la excusa de la sostenibilidad para ver esas dinámicas especulativas. Más interesante es, en cambio, fijarse en cómo pueden convertirse en un elemento de distracción para desviar la mirada sobre lo que es realmente necesario.
Y este debate es urgente; primero, porque las grúas se han parado y los cantos de sirena del cambio de modelo productivo hablan de sostenibilidad y la tentación puede ser aspirar a crear nueva actividad en el sector de la construcción promoviendo desarrollos en forma de eco-ciudades exnovo. Y, en segundo lugar, porque lo absolutamente urgente es la apuesta decidida por la rehabilitación del parque de vivienda privada, áreas industriales y equipamientos y edificios públicos.
Estas eco-ciudades (como el caso de Sarriguren, tan conocido en España) han podido tener cierto valor demostrativo, como experiencias piloto de posibilidad de aplicación de nuevas soluciones tecnológicas para los sistemas de calefacción, de aislamiento y de consumo de energía en los edificios, pero no son una solución aceptable. En un país en el que hay miles de viviendas vacías no debería construirse ninguna vivienda más en realidad, al menos si atendemos a razones objetivas de utilidad social de la vivienda, y cualquier desarrollo urbanístico que se justifique por sus bondades sostenibles será falso o, en el mejor de los casos, un error bienintencionado.
Sólo resolviendo el creciente consumo energético residencial se podrán conseguir avances en la mitigación del cambio climático, y el parque de viviendas ya construido requiere de un esfuerzo en aplicación de nuevos materiales y nuevas soluciones en la rehabilitación de dicho parque, y sólo interviniendo sobre el diseño físico del espacio urbano ya existente podremos conseguir que las ciudades y el modo de vida urbano se acerquen, aunque sea un poco, a un funcionamiento más sostenible. Con la industria de la construcción prácticamente paralizada, los planes tanto del gobierno central como de los gobiernos autonómicos en materia de vivienda y desarrollo urbano tienen que girar hacia la rehabilitación del tejido urbano.
Foto tomada en Lincoln, Nebraska (Haymarket District) y descargada del proyecto Power to the poster.


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Comentarios
No podemos estar más de acuerdo desde stepienybarno con la idea principal del artículo. No hay que construir más viviendas, ni eco ni no eco, hay que atacar al parque de viviendas vacías y rehabilitarlo como dios manda. Es la única forma de ser sostenible, todo lo demás no será más que hacer crecer nuestras ciudades en la mayoría de los casos de manera innecesaria, y al ponerle unos panelitos y algún invernadero (que a veces ni siquiera están bien orientados) y tener al desfachatez de llamarle eco-ciudad. Estas ciudades además de tener que ver más bien poco con la ecología, su relación con las otras dos patas de la sostenibilidad es nula, no tienen nada de social (equidad), y económicamente suelen ser más bien disparatadas.
Al final todo se reduce a una buena venta política basada en una buena “eco-puesta en escena” y un rápido lavado de conciencias. Necesitamos mejores ciudades, más humanas, y evidentemente más sostenibles, pero que poco tienen que ver con estas eco-ciudades.
Felicidades por la excelente entrada.
Admito que he querido ser un poco provocador, quiero decir, creo que determinados proyectos que buscan esa integralidad pueden tener valor y ser algo más que demostrativos, lo que pasa es que la mayor parte de las veces sulen pecar de grandilocuencia. Igual vuelvo a pensar lejos de aquí, pero simplemente, construir una ciudad de X miles de personas en medio del desierto, no puede ser sostenible por mucho que reduzcamos al máximo sus parámetros de consumo de energía y agua y su generación de residuos.
También admito que es discutible que la rehabilitación vaya a ser una solución completa pero es, desde luego, la más efectiva para conseguir reducciones de emisiones a corto plazo.
Gracias por pasaros por el barrio :-)
Estoy de acuerdo en que la rehabilitación de viviendas debería ser fundamentalmente, la política en materia de vivienda a seguir, pero no comparto ni mucho menos su línea argumental. ¿Qué es rehabilitar como dios manda?, ¿quién puede pagar una rehabilitación como dios manda?¿tiene el estado suficiente dinero para rehabilitar viviendas suficientes para todos como dios manda? ¿los paneles se reorientarán en las viviendas rehabilitadas como dios manda, porque son viviendas rehabilitadas?¿dejarán de vender políticamente las viviendas rehabilitadas como dios manda?
Retomo el tema, Nicolás, aunque sólo sea para destacar un post de Luis Rey en el que menciona un posible mecanismo para solventar las dudas razonables sobre cómo financiar un esfuerzo de rehabilitación tan extenso como el que hace falta sin que suponga una carga para las familias: http://www.ateneonaider.com/articulos-opinion/luis-rey/eficiencia-energ%...
Veo que mi intento de profundizar un poco en el tema de la rehabilitación no ha tenido mucho éxito; es más, releyendo mi comentario, lo veo un poco agresivo pido disculpas por ello. ¿Cómo hacemos esa rehabilitación sostenible?
Tranquilo, Nicolás, es sólo que no he tenido estos días algo de tiempo para revisar comentarios; por supuesto, la rehabilitación tiene que hacerse en condiciones para que sea una solución, pero por sí misma, creo que es un avance y es en el consumo energético de los edificios donde hay mçás que ganar(o donde más reducciones de emisiones de CO2 se pueden reducir). En cualquier caso, yo me quedaba un poco antes, en un paso previo, simplemente sugiriendo la necesidad de apostar por las políticas de rehabilitación.
En otras ocasiones he hablado sobre el Fondo Estatal de Inversión Local 2009 (8.000 millones de €) y el actual Fondo Estatal para el empleo y la Sostenibilidad Local 2010 (5.000 millones de €). 13.000 millones de € que se podrían haber dedicado a renovar el parque de vivienda, por ejemplo, en lugar de a muchas obras con muy poco interés social.
Más ejemplos: programas como Izartu (País Vasco) o la Ley de Barrios (Cataluña) también son un buen ejemplo, de instrumentos para modernizar -sin echar abajo viviendas y sin crear nuevas- tejidos urbanos degradados.
En fin, no sé si respondo, pero quería al menos señalar algunos ejemplos de que recursos existen y de que la orientación de los mismos hacia la renovación y rehabilitación es urgente.
Un saludo,
Tal y como comentas, hay programas para apoyar la rehabilitación de áreas urbanas degradadas que cuentan con instrumentos urbanísticos de regulación del tejido urbano y de las edificaciones que integren el área y con ayudas económicas para impulsar la rehabilitación (siempre mejorables, claro). En los casos en los que afectan a cascos históricos se crean conflictos entre la habitabilidad, la accesibilidad y la necesaria conservación del patrimonio. Los edificios no tienen una orientación correcta desde el punto de vista bioclimático y es muy complicado integrar sistemas de captación de energía solar en el paisaje de cubiertas existente. Se trata además de parcelas por lo general pequeñas y, por lo tanto, con poco margen espacial para incorporar instalaciones. Una solución a esto puede ser la vuelta a las instalaciones colectivas de climatización en vez de confiar en la captación individual de energía solar, pero en esto seguro que vosotros estáis veinte ciudades por delante.
Por otro lado, las zonas degradadas cuentan con un grupo importante de población de la tercera edad o en situaciones de exclusión social. Es difícil que se metan en obras aunque cuenten con la posibilidad de ayudas a la rehabilitación. Sin programas de inclusión social, los planes de rehabilitación se quedan cojos.
Acabo de descubrir vuestra página y este blog y no sé si habéis comentado la similitud entre las eco-cities y las ciudades satélite de los años 60-70 (Evry, Milton-Keynes...)
Begoña, bienvenida al barrio; el último tema que comentas lo he tratado alguna vez y de refilón para hablar del caso de Poundbury, cuando este blog estaba en otra calle (http://www.ciudadesaescalahumana.org/2008/11/ficciociudades-3-poundbury....), pero de forma muy tangencial.
Respecto al tema de la rehabilitación, entiendo las barreras que comentas; intervenir sobre la pequeña escala, edificio a edificio, tiene sus problemas, pero son sobre todo de gestión. Y, sobre que la rehabilitación no puede ser únicamente física, sino incluir una intervención integral, también.
Un caso paradigmático lo tenemos ahora con El Cabanyal (Valencia), pero hay otros muchos ejemplos. Dos enlacez que he guardado los últimos días:
http://lacomunidad.elpais.com/eurotopia/2010/2/2/la-trama-del-cabanyal-s...
http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/Cabanyal/patrimonio/...
Un saludo.
Creo que los comentarios de Begoña son muy acertados. Discrepo contigo Manu, en relación a los problemas de gestión en las actuación a pequeña escala, edificio por edificio, creo que las actuaciones deben realizarse a una escala mayor y a partir de unos Planes Generales de Ordenación Urbana que integren la sostenibilidad y afecten a varias unidades, ya que éstas se afectan entre sí irremediablemente. Ando discutiendo y convergiendo sobre este tema también con Iván de Torres en su blog. Gracias por la contestación y por abrir un debate tan necesario y relevante Manu, Begoña, espero leer más aportaciones interesantes tuyas, Un saludo
Hola Manu; Aunque sin profundizar tanto, tratamos este tema hace justo un año en el blog de CIDEU (http://www.cideu.org/site/especial/blocsCideu/blogs/aforo.php/2009/02/06...), con idénticas conclusiones -incluyendo una encuesta a los lectores-.
En cualquier caso, para mi en particular hay un motivo fundamental por el cual las eco-ciudades no son la solución, y en esto estoy con la visión de la sostenibilidad que defiende Manfred Linz: no basta con la eficiencia ni con la coherencia, que al fin y al cabo dependen de los avances científicos y tecnológicos; sin tener en cuenta la suficiencia, que depende de cada uno de nosotros, no hay sostenibilidad posible.
Dicho de otro modo, las eco-ciudades no garantizan que los que vivan en ellas se comporten según ese patrón. Al contrario, posiblemente en muchas de ellas se vaya a establecer esa élite (llámenla clase creativa o de cualquier otra forma) que tiene en el avión su medio de trasporte favorito... Por otra parte, creo que fue Alfonso Martínez de Bilbao Metrópoli 30 que comentó, a raíz de un viaje suyo a Dubai, que el Emirato se planteaba contar en una fecha próxima con un vuelo diario a las cincuenta principales metrópolis mundiales (o algo así). ¿Cuántos "Masdars" se necesitan para compensar eso en términos de emisiones de CO2?
¡Pero si ya cuesta que la gente separe los residuos y los ponga en el contenedor adecuado!
Saludos.
El post de CIDEU es muy acertado, gracias, no lo había leido; la clave que comentas, la adaptación de las personas" tiene que ver con los hábitos de consumo individuales y particulares (reciclaje, consumos energéticos, etc.) pero casi le daría una importacnia secundaria. Quiero decir que, efectivamente, esa ecociudad puede ser muy sostenible y luego los individuos decidir comportarse o no de forma sostenible, pero aunque se comportaran como el no-impact-man (http://noimpactman.typepad.com/) habría sobre todo consumos, prácticas y comportamientos inducidos por la propia dinámica de la ciudad derivada de su construcción en medio del desierto, construida desde cero y queriendo funcionar con todas las conexiones con las gradnes ciudades.
En cualquier caso, admito que es más fácil la crítica pensando en los grande smega-proyectos como Masdar que en los más cercanos y a menor escala, como la famosa eco-ciudad de Sarriguren. Esta última, u otros casos, ¿también merecen una mirada tan implacable?
Gracias por pasarte por el barrio, como siempre, saludos.
Jajaja... bueno, no sé si la valoración que se hace suena muy implacable, pero piensa que en ese blog se trata también de provocar el debate entre los alumnos del Programa de Especialización...
No obstante, experiencias como Sarriguren o el ecobarrio de Toledo o cualquier otra experiencia (Villasol, Puente de Vallecas, Vallbona, CasaGrande, etc.) merecerá una valoración u otra en función de la coherencia con lo que se haga en otros campos por la sostenibilidad. En este sentido, y hablando más por "olfato" que por conocimiento, seguramente es más creible una apuesta de este estilo en Navarra que en otras comunidades en las que hasta el momento se ha machacado el territorio a voluntad -y, sólo la crisis ha puesto algo el freno a ello-.
Saludos.
Oriol, tienes razón en lo de la credibilidad; Navarra lleva tiempo apostando fuerte y el efecto demostrativo de este tipo de barrios entiendo que cae en campo fértil.
"Metabolismo urbano" me parece un buen concepto, similar al de los ecosistemas, o a cuando se habla de ciudades como "procesos sedimentarios"; enfín, cualquier cosa que elimine los factores tiempo, complejidad y mezcla no es estrictamente urbano, me parece. Saludos, A.
Andrés, me apunto la ecuación Tiempo + Complejidad + Mezcla = Urbano. Es muy precisa.
Un tema colateral; ¿recuerdas que alguna vez hemos intercambiado ideas sobre el tema del decrecimiento (como aquí: http://www.ciudadesaescalahumana.org/2009/05/bill-clinton-le-hace-la-com...)? sin más, quería recomendarte un blog del Ateneo donde Iván de Torres, un compañero, ha algún post sobre el decrecimiento: http://www.ateneonaider.com/blog/iv%C3%A1n-de-torres/decrecimiento
Por si tienes tiempo para alguna lectura que recomienda
Saludos, M.
Hola Manu,
y gracias por tu comentario sobre el Raval, que contestaré en breve ;-) Iván de Torres (está aquí debajo, ¿no?): le echaré un vistazo cuando tenga un rato. Un abrazo a los dos. A.
Un poco provocativo si, Manu, pero estoy totalmente de acuerdo con lo que expones en el post. No se trata de crear nuevas ciudades, de construir más, de ocpuar más espacio, artificializar más suelo, sino de aprovechar lo que ya tenemos, maximizando su funcionalidad e intentando reorientar las ciudades hacia la sostenibilidad. Como expone Andrés, conceptos como el de ecosistema urbano o metabolismo urbano marcan las directrices a seguir, pero aplicándolos a las ciudades que ya tenemos. Hay que seguir insistiendo en que el esfuerzo se debe dirigir ahora hacia la rehabilitación: de edificios, de manzanas, de barrios y de ciudades entereas, repensar la ciudad para que dejen de ser auténticos "sumideros de recursos" (o devoradoras de recursos). Una buena práctica en cuanto a rehabilitación de un barrio: Västra Hamnen, en Mälmo (Suecia), donde se ha desarrollado un proceso de regeneración urbanística sostenible con muy buenos resultados energéticos, ambientales y socio-económicos. Más info en: http://www.ekostaden.com/pdf/vhfolder_malmostad_0308_eng.pdf
Saludos.
Hola Iván:
"pero aplicándolo a las ciudades que ya tenemos": desde luego porque... pensar en generar nueva ciudad es obsceno, mientras tengamos lo que ya tenemos en el estado que está. Un saludo. AM.
Esto es como lo de las jornadas de arquitectura sostenible patrocinadas por una casa de aislantes tóxicos, un despropósito.
A rehabilitar que falta hace.
Gracias por la difusión del docu, Manu, la cosa va muy bien.
No se si te ha llegado el artículo "Dibujar otra ciudad" de Foreing Policy http://www.fp-es.org/dibujar-otra-ciudad
es muy bueno, trata del futuro y presente del urbanismo sostenible y pone como referencia a tu blog para ampliar información.
Pablo, gracias por el enlace, no lo conocía pero me lo anoto. ¡Suerte con el documental!
Escaneo entonces el artículo y te lo mando, el número es antiguo y en la web solo tienen un resumen. Merece la pena y tiene un enlace a tu blog antes de la migración a Ateneo Naider.
un saludo
¿Qué os parece el proyecto ecooperati?
Esta clara la importancia de la rehabilitación eficiente. El ritmo de crecimiento de las ecociudades es insignificante. Con lo cual, la cantidad de viviendas viejas que se demuelen para hacer viviendas nuevas deberían ser sustituidas, compensadas por ecociudades. Esta claro que en estos tiempos si se construye algo nuevo, tendría que ser ecológico, pero el sistema y política actual no es bueno para estos idealismos. abrazos...