Mié, 29/02/2012 - 10:03
economía urbana parques tecnológicos parques científicos parques industriales
Pastoral capitalism. A History of Suburban Corporate Landscapes

Las cosas, la mayoría de las veces, no son porque sí. Pero cuando han estado ahí siempre cuesta pararse a pensar de dónde vienen, por qué son así y cómo llegamos hasta allí. En el funcionamiento urbano y la morfología de las ciudades sucede lo mismo. La ciudad, al fin y al cabo, es una construcción heredada, construida sobre ideas, procesos históricos y, quizá, pequeñas coincidencias. Y así te las encuentras, como si la acumulación de historia hubiera sido completamente azarosa. La densidad, la zonificación, la distribución de usos, la altura de los edificios,...cualquier elemento que organice espacialmente la ciudad tiene, sin embargo, una historia en la que, en buena medida, el proceso urbanístico responde a intereses, equilibrios y conflictos sociales, modelado por las grandes fuerzas de poder.

Es el caso de los parques tecnológicos, los parques industriales y, en general, los espacios periféricos de usos económicos. Nos hemos acostumbrado a verlos en las periferias de las ciudades. Damos por hecho que ese es su sitio y es allí donde esperas encontrarlos. El libro Pastoral capitalism. A History of Suburban Corporate Landscapes, de Louise A. Mozingo, propone hacer una lectura histórica de esta forma particular y característica de la actualidad de organización territorial de la producción industrial. Al fin y al cabo, ¿cómo llegamos a la conclusión de que eran los espacios suburbanos los mejor indicados para acoger las actividades de I+D de las grandes corporaciones, las sedes de esas compañías o los desarrollos para oficinas de actividad terciaria? ¿En qué momento empezó esta dinámica? ¿Quién la impulsó y qué razones se esgrimieron?

Responder a estas preguntas es el objetivo de este libro que merece una lectura tanto por interesados en la geografía económica y la gestión empresarial como en la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo, ya que el libro bucea en un contexto económico particular (el fin de la II Guerra Mundial en Estados Unidos) y en un contexto empresarial particular (el ascenso de la gran corporación profesionalizada, jerárquica y funcional) para explicar las razones del nacimiento y la proliferación de esta tipología clave para entender el modelo de ciudad norteamericana que ha sido, además, el modelo dominante de expansión territorial en todo el mundo desarrollado en los últimos cincuenta años.

Siguiendo a la autora, podemos distinguir tres tipologías que fueron desarrollándose de manera sucesiva, desde los corporate campus (centralización y suburbanización de los primeros centros o unidades de I+D empresarial), los corporate estates (centralización y suburbanización de los edificios administrativos y sedes corporativas) y los office parks (desarrollos especializados en la periferia destinados a su ocupación por actividades de servicios avanzados científico-tecnológicos).Los primeros empezaron a ver la luz a mediados de la década de 1940 y pronto, a principios de los '50 emergieron los segundos mientras que los grandes parques de oficinas de alquiler no vieron la luz hasta finales de esa misma década, en un proceso acumulativo que fue aprendiendo de las experiencias anteriores. En todos ellos encontramos patrones de diseño que prácticamente se han mantenido inmóviles hasta nuestros días: edificios de 2-4 plantas con grandes ventanales, con una estética vanguardista pero discreta, diluidos entre un extenso y bucólico paraíso verde de árboles, líneas ondulantes del terreno, lagos artificiales, silencio, grandes extensiones de parking, puertas de entrada, acceso inmediato a la autopista, etc. Y es que a ese escenario naturalmente artificial es al que hace referencia la autora como uno de los primeros reclamos de este tipo de desarrollos: ofrecer un lugar de trabajo en un ambiente pastoril y bucólico ideal para los grupos de investigadores y trabajadores de alta cualificación que las compañías más grandes del país empezaban a incorporar y a los que las empresas quería sacar de los saturados, conflictivos y desordenados centros urbanos en los que hasta ese momento habían operado. El campo estetizado como reclamo para completar la verdadera vida suburbana.

Es el reflejo espacial y urbanístico del nacimiento del modelo de trabajo post-industrial, en un momento en que las grandes corporaciones (Bell, At&T, General Motors, General Foods,...), impulsadas por la inversión pública del gobierno de Estados Unidos en aquella época (se puede leer algo sobre ello en El Gran Reset del que hablamos hace tiempo) amplían su plantilla de investigadores y doctores para desarrollar una ingente actividad de desarrollo tecnológico gracias al éxito de la gestión corporativa funcional perfeccionada en aquellos años.

Una particular resolución espacial -siguiendo a David Harvey, sorprendentemente olvidado por la autora- en la que la empresa se adapta a la nueva fase económica dando solución a sus necesidades reconfigurando de paso el territorio y las ciudades. El relato del libro profundiza de forma brillante en los entresijos de las decisiones de los grandes nombres empresariales de la época, sus negociaciones con las autoridades, sus enormes gastos en publicidad para vender las maravillas de estos desarrollos, la contratación de firmas arquitectónicas, etc. Por eso, el libro es mucho más que historia del paisajismo, sino que pone en relación de forma brillante aspectos que normalmente consideramos de manera aislada o no conseguimos poner en contexto todos juntos. De hecho, la autora reconoce que, entre otros, el libro Technopoles of the World: The Making of Twenty-First-Century Industrial Complexes (Manuel Castells y Peter Hall) ya avanzó la relación entre el capital, la política, la educación y estos centros de poder tecnológico, a lo que ella añade una preocupación espacial, arquitectónica y urbanística que completa todo el mapa.

El enorme esfuerzo de marketing es uno de los aspectos más significativos resaltados en el libro. Al fin y al cabo, el sueño americano de la vida suburbana y "tu pequeña parcela de paraíso en el campo" estaba en aquella época en pleno apogeo y era necesario incrustarlo en el imaginario colectivo a base de anuncios, folletos y rayos catódicos. Y el verde pastoril siempre queda bien en los folletos inmobiliarios. Aún hoy es norma general. Pero incluso esta estrategia escapista de las ciudades tenía su argumento de venta como consecuencia de la Guerra Fría, rescatando el libro como se utilizaron también por las empresas argumentos de seguridad nacional apelando al miedo nuclear como justificación de la necesidad de salir de las ciudades y dispersar los centros productivos y empresariales de los centros urbanos. Las grandes fábricas industriales ya salieron de los núcleos urbanos en los años '20 y '30 y ahora era el momento de las unidades de I+D y de los centros de gestión administrativa de las corporaciones, ofreciendo a los trabajadores cualificados la misma estética de los suburbios residenciales para sus entornos de trabajo, única manera de atraer a estos trabajadores y de evitar conflictos con los habitantes y políticos de los barrios residenciales (y, de paso, también, alejar las industrias de los conflictos populares y sindicales). Y lo hacen uniendo en una forma arquitectónica y un imaginario concreto valores como la vida bucólica, la tecnología, el progreso y la familia.

Son los tiempos, además, donde empiezan a configurarse las primeras concentraciones tecnológicas en forma de clusters que han llegado hasta nuestros días. Son los primeros días de lo que hoy conocemos como la Route 128 de Boston o el Silicon Valley de San Francisco. Son las ideas que hoy siguen en el imaginario y que demuestran que nada es nuevo, ni siquiera esa celebrada nueva sede de Apple que se muestra como revolucionaria y que responde, paso por paso, a una lógica empresarial y una forma arquitectónica y urbanística que podemos encontrar en las sedes que construyeron en los '50 empresas como General Foods o la Deere & Company. Son los días en los que nace el Stanford Research Park (central en la narrativa sobre Silicon Valley) o el Research Triangle Park en Carolina del Norte, referencia histórica de los grandes parques tecnológicos que hoy seguimos imitando. Son los tiempos donde todos estos espacios se crean con el impulso de grandes corporaciones (en algunos casos, condenadas por sus prácticas monopolísticas) pero con amplísima ayuda gubernamental. Y es que, no lo olvidemos, Margaret O´Mara, ya señaló en Cities of Knowledge:Cold War Science and the Search for the Next Silicon Valley que la leyenda de Silicon Valley no puede interpretarse sin considerar el papel decisivo de la inversión pública en la generación de estos espacios del conocimiento.

La economía regional y urbana no se puede entender hoy en día sin considerar el papel de los parques tecnológicos e industriales como espacios de concentración de actividad económica. La dinámica mayoritaria ha tendido a replicar el modelo estadounidense. Así como el modelo de suburbanización residencial ha tenido muchas más dificultades para asentarse en Europa por la predominancia de los centros históricos -aunque es cierto que en las últimas décadas se ha producido un efecto de urban sprawl considerable-, el modelo de terciarización económica (y su reflejo urbanístico)ha seguido el patrón norteamericano. En los últimos tiempos, casi cada municipio ha desarrollado su propio parque industrial o de oficinas en las afueras y las autoridades supramunicipales han ordenado los parques científicos y tecnológicos en las afueras. Y sólo últimamente, y de manera casi testimonial, se han intentado procesos de atracción de estas actividades de I+D a los centros urbanos, bien de manera planificada a través de centros o islas de innovación, bien a través de redes descentralizadas de espacios. Hoy vemos cómo ciudades como Londres y Nueva York dibujan su propio mapa de espacios tecnológicos emergentes que responden a las necesidades de la economía digital y de las startups. Y en todas las ciudades surgen espacios emergentes de colaboración y coworking como alternativa anterior de concentración de estos espacios en las afueras. Y, no sólo, algunas grandes corporaciones empiezan a recorrer el camino contrario y vuelven a localizar sus headquarters en los centros de las ciudades.

Decía al principio que las cosas parecen ser como son sin que tengamos claro si hay una razón especial para que así sea. Ahora sabemos que este modelo de organización espacial del trabajo en la economía post-industrial ha tenido un patrón y una explicación. No es sólo una explicación histórica. Nos sirve para entender que este tipo de espacios quizá dejen de tener sentido en un futuro no tan lejano. Si en su momento respondieron a una determinada concepción del trabajo y de la empresa capitalista, hoy sabemos que ambos elementos están transformándose de manera radical. La empresa y el trabajo no son lo que eran, para bien o para mal. ¿Seguirán teniendo sentido estas concentraciones de espacios especializados? ¿Realmente necesitamos tanto espacio para trabajar? Avanzando como avanzada la sociedad digital y con los muros de la empresa cayendo poco a poco, ¿cuál será la nueva resolución espacial de la siguiente fase?

Nota. El libro tiene tanta miga que dejo para otro momento detallar cada una de las tres tipologías. 

Imagen 1 tomada de Saarinen´s last experiment

Imagen 2 correspondiente a los laboratorios de investigación de la Bell Telephone Company.

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Comentarios

Cuando estuve en Chicago, y un día que cogí una autopista en dirección Oeste para ver una casa de Mies, quedé impresionado por el parque tecnológico lineal (que se parece a esto que cuentas aquí) ¡no era como nada que hubiera visto en la vida). ¿Para cuando recuperar distritos del centro de las ciudades como clusters? Qué pena que el desarrollo, la escala y la gestión del 22@ sean tan equivocadas, porque la idea era buena. 1abrazo, A.

Sí, Andrés, más o menos, ese es el tipo de paisaje del que trata el libro y que tan reconocible nos parece. La verdad es que el libro supongo que sólo tiene pretensiones históricas relacionadas con el paisaje y la arquitectura, pero tiene mucho interés, creo, hacia el futuro. El redescubrimiento del centro de las ciudades como espacios productivos para la "economía del conocimiento" empezó hace unos años, pero apenas se ha notado. La inercia y, sobre todo, el modelo de expansión inmobiliaria, han segudio haciendo más atractivo construir estos espacios de trabajo en las afueras. Ahora, con la crisis, pero no sólo con ella, eso está por ver. Se han descubierto, por ejemplo, los espacios más informarles de trabajo donde "suceden cosas" de manera más espontánea que en los grandes laboratorios de I+D, y la espontaneidad, el conflicto, la complejidad, el encuentro de diferentes perspectivas,....en eso tienen mucho a su favor los centros urbanos. No sé si hoy es un patrón, pero la empresa "ya no es lo que era" y ada vez tienen más importancia otras formas de producción (en torno a proyectos, en espacios de coworking, las startups,...) quizá vayan haciendo innecesarios estos espacios. Veremos....

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Bibao 1978. Veterinaria. Tuvo claro nada más terminar la carrera de veterinaria que su futuro estaba sobre el terreno y no en consultas o clínicas de barrio. Después de trabajar en centros de recuperación de especies en Venezuela y Holanda, llegó a Indonesia en 2003 y quedó enganchada por la sensación de haber encontrado finalmente un sitio donde su labor podía marcar la diferencia. Desde entonces, Karmele Llano representa la esencia misma del compromiso personal con la sostenibilidad de nuestro Planeta y de nuestra propia dignidad como seres humanos, mediante la lucha por preservar de una...

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