Mié, 15/07/2009 - 23:00
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Recientemente, un artículo del Business Week titulado An Innovation Hub in Northern England? presentaba el caso de Sheffield como una ciudad de tamaño medio que ha decidido apostar por el desarrollo local endógeno e innovador creando, a partir de la crisis de la industria del acero, un camino de concentración en actividades intensivas en conocimiento y enfocadas a generar una especialización territorial significativa en su entorno. Sheffield es, junto a otras ciudades como Bilbao, Bremen, Leipzig, Turín o Saint-Etienne, un buen ejemplo de ciudad de tamaño medio reinventada a sí misma, tal como recoge el libro A tale of seven cities a partir de una investigación de la London School of Economics (se puede encontrar el paper del Sheffield City report). Contando con la empresa local de innovación, Creative Sheffield, como catalizador de los esfuerzos públicos y privados, la ciudad ha ido transformando su tejido productivo y, con ello y gracias a ello, se ha podido dotar de una identidad renovada, hacia dentro y hacia afuera. Digamos, por ahora, que la identidad hacia el exterior es una consecuencia de un modelo previo (la apuesta por determinada vocación industrial emergente) que se quiere contar. El discurso y la práctica de la renovación urbana es polémico porque muchas veces se ha presentado vacío de contenido y se representa de una forma concreta, el marketing urbano. Vacío de contenido porque falta algo real que contar, aparte de unos intangibles más o menos atractivos que asociar a la marca ciudad. Por eso, las estrategias de city branding sería conveniente que estuvieran siempre pensadas como instrumentos al servicio de la ciudad y de su modelo económico y social. Hoy en día parece que sólo hay salvación posible si la ciudad es capaz de asentarse en el sistema global de ciudades y si se consigue además a base de eventos puntuales y de gran repercusión mediática. Es la forma, parece ser, de crear una identidad exterior fuerte y rodearla de valores positivos percibidos por turistas, visitantes e inversiones extranjeras. Pero cabe preguntarse si todas las ciudades necesitan aspirar a ugar en esa liga y si es ese el camino para ganar en competividad y calidad de vida local. Pensemos tan sólo en la disputa en la que están actualmente involucradas un buen número de ciudades españolas para atraer la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016. ¿Es lo único a lo que podmeos acogernos para activar nuestras ciudades? sin entrar a las razones de cada una de estas candidaturas y entendiendo que en algunos casos sí foran parte de una estrategia más amplia y previa, creemos que el dinamismo urbano reo requiere de un discurso propio, de poder contar una historia como ciudad, un relato propio pegado a la realidad, aunque sea una historia para una minoría, aunque sea un cuento que jamás estará en el escaparate de los best sellers de las ciudades de clase mundial. Una historia bien contada, eso sí, como bien señala Toni Puig, pero una historia que tenga algo más que una bonita portada, una historia con un buen desarrollo argumental. De hecho, hoy lo que tenemos es la tentación de crear una isla de innovación o, más bien, de convertir la innovación en una isla aislada del resto de la ciudad, un reducto o el último reducto que queda, el último rincón de la ciudad capaz de catapultarnos la nueva era de la sociedad del conocimiento. Así se han bautizado a veces los últimos proyectos de regeneración en Bilbao y Avilés, quizá con la esperanza de que, a fuerza de llamarlos así, su propio nombre les asigne un destino transformador. Sheffield no es un ejemplo por sí mismo; ni siquiera estoy seguro de que sea el mejor de los ejemplos de revitalización urbana y reestructuración del tejido económico local. Pero sí vale, creemos, para ilustrar la necesidad de generar dinámicas de medio plazo para el cambio estructural de las economías locales y construir, a partir de ellas, pero sólo una vez que existen, formas de proyección exterior de la ciudad.

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Bibao 1978. Veterinaria. Tuvo claro nada más terminar la carrera de veterinaria que su futuro estaba sobre el terreno y no en consultas o clínicas de barrio. Después de trabajar en centros de recuperación de especies en Venezuela y Holanda, llegó a Indonesia en 2003 y quedó enganchada por la sensación de haber encontrado finalmente un sitio donde su labor podía marcar la diferencia. Desde entonces, Karmele Llano representa la esencia misma del compromiso personal con la sostenibilidad de nuestro Planeta y de nuestra propia dignidad como seres humanos, mediante la lucha por preservar de una...

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Revista Técnica de Análisis Socioeconómico 09

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