Mar, 22/02/2011 - 10:29
rehabilitación urbana sostenibilidad ciudades en transición
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Continuación de La necesidad del debate de la sostenibilidad local y Un reto global para un mundo urbano.

Estas transformaciones son la clave para entender por qué tenemos que repensar el modelo urbano dominante. La cuestión es hacia dónde avanzar, cuál es el nuevo modelo urbano a seguir. Un desarrollo urbano sostenible pasa por algunos criterios de referencia. Por un lado, es necesario que las políticas de competitividad económica local se integren a largo plazo y se orienten a una visión sistémica de las ciudades, poniendo la cohesión social y el derecho a la ciudad como objetivos irrenunciables, junto con la promoción de un modelo económico e industrial respetoso con el medio ambiente y que no haga depender el progreso económico del aumento del consumo de recursos. Por otro lado, hace falta repensar las ciudades en cuanto a su escala y estructura, porque ambos factores condicionan ampliamente las presiones sobre el medio ambiente y la calidad de vida que ejercen la edificación, el urbanismo o el transporte y la movilidad urbanas. Este último elemento es de particular significación. Hemos asistido en las dos últimas décadas a un proceso de extensión de las formas de urbanización dispersa que significan el principal patrón de insostenibilidad de las ciudades que hoy hemos heredado. Este es un patrón que ha modificado, como decíamos, tanto la escala como la estructura de nuestras ciudades, transformando su funcionamiento. Y, la ciudad entendida en términos metabólicos, funciona como un organismo altamente demandante de recursos y generador de residuos.

De forma general, una ciudad más sostenible en términos ambientales ha de ser capaz de reducir el consumo de energía y de materias primas de las actividades típicamente urbanas (transporte, edificación), integrar el respeto al entorno natural y la presencia de biodiversidad dentro de la propia ciudad, minimizar la demanda de transporte, reconducir las políticas expansivas de consumo de suelo, asegurar una salud urbana que elimine al máximo los efectos perjudiciales para la salud del funcionamiento urbano y, en último lugar, organizar de forma adecuada los flujos de materiales con su entorno. Una ciudad cuyo diseño y funcionamiento esté pensado para las personas que la habitan.

Siguiendo estas pautas generales, en los últimos tiempos las ecociudades han aparecido como promesa para traer la sostenibilidad urbana. Se plantean como proyectos integrales de construcción de espacios utópicos de desarrollo de nuevos entornos habitables que cumplen al máximo con los requerimientos de reducción de emisiones de CO2 (zero emissions), de residuos (zero waste), etc. Encierran una visión optimista (se puede construir desde sus bases una estructura urbana capaz de ser sostenible por sí misma y de mantener un equilibrio sistémico en su funcionamiento ecológico) pero también una visión pesimista (es imposible conseguirlo en la ciudad ya construida y no merece la pena dedicar esfuerzos a resolver la insostenibilidad del modelo urbano actual).

Se trata de un debate es urgente; primero, porque las grúas se han parado y los cantos de sirena del cambio de modelo productivo hablan de sostenibilidad y la tentación puede ser aspirar a crear nueva actividad en el sector de la construcción promoviendo desarrollos en forma de ecociudades ex novo. Y, en segundo lugar, porque lo absolutamente urgente es la apuesta decidida por la rehabilitación del parque de vivienda privada, áreas industriales y equipamientos y edificios públicos. Estas ecociudades han podido tener cierto valor demostrativo, como experiencias piloto de posibilidad de aplicación de nuevas soluciones tecnológicas para los sistemas de calefacción, de aislamiento y de consumo de energía en los edificios, pero no son una solución generalizable si se conciben como una nueva etapa urbanizadora. En un país en el que hay miles de viviendas vacías y desarrollos urbanos incompletos no debería construirse ninguna vivienda más en realidad, al menos si atendemos a razones objetivas de utilidad social de la vivienda, y cualquier desarrollo urbanístico que se justifique por sus bondades sostenibles será falso o, en el mejor de los casos, un error bienintencionado. En cambio, una apuesta radical por la regeneración integral del tejido urbano actual representa una fantástica oportunidad de hacer realidad las promesas de la sostenibilidad: recuperar el parque de vivienda más obsoleto para mejorar las condiciones de habitabilidad de los barrios más olvidados de nuestras ciudades, recuperar y reutilizarlos  espacios públicos para dotarlos de sentido en la vida comunitaria, rehabilitar edificios públicos y privados para mejorar su eficiencia energética y que sean activos en la producción de energía renovable, redensificar el suelo ya construido para evitar la ocupación de más suelo, convertir en una prioridad que las ciudades empiecen a pensar en hacer la transición hacia un escenario post-petróleo y, por último, activar los usos comerciales de los centros históricos y los barrios de las ciudades son algunas de las actuaciones que mejor puede ayudar a la transición urbana.

Imagen de pieroflix en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0

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Comentarios

Manu, muy buen artículo en su conjunto (en referencia a los tres posts que has ido publicando). En relación al artículo de René Kemp (¡Las tecnologías sostenibles no existen!, nº 75 de la revista Ekonomiaz) que el otro día comentábamos en este mismo Ateneo, yo diría que las ciudades sostenibles no existen, más cuando se asocia este concepto, sostenibilidad, a lo ecológico. Todo producto, servicio, tecnología, ciudad o lo que queramos considerar tiene un impacto sobre el medio ambiente, siendo necesario además considerar dicho impacto a nivel de sistema.

Para mi la ciudad en sí no es el origen de toda presión ambiental. La ciudad representa un área acotada donde se conentran personas, se concentra un consumo cuyas externalidades negativas bien pueden expresarse miles de kilómetros, y se concentra la producción que, en este caso, puede ocasionar problemas locales de contaminación. Así, yo pondría el origen de las presiones ambientales en los patrones de consumo y los modelos de producción que albergan y potencian, eso si, las ciudades. Esta cuestión, en mi opinión, debe separarse de la ciudad como espacio vital, de la ciudad como medio ambiente urbano cuya degradación padecemos a través de problemas locales de contaminación (y salud), de ocupación indiscriminada de espacio público, etc.

Según esto último, tampoco creo que el estilo de vida urbano sea el más consumidor de recursos, el más insostenible. Es posible que un estilo de vida peri-urbano o rural sea incluso más insostenible, pues conlleva una ocupación del suelo mayor (en términos de menor concentración), más energía para transporte, consumo individualizado y por ello menos eficiente... En su caso sería el estilo de vida consumista (occidental, moderno, capitlista...) el más insostenible.

En el artículo diferencias la problemática según sean ciudades europeas, de tamaño medio, etc. Creo que habría que ampliar esa diferenciación a las ciudades de países en desarrollo, que son precisamente las que están teniendo mayor crecimiento. Para mi el debate en torno a sostenibilidad de las ciudades es muy diferente si hablamos de ciudades europeas que si hablamos de ciudades africanas. Al visitar ciudades de países en desarrollo muchas veces tengo la sensación que todas las propuestas en torno a smart grids, car sharing, energias renovables, etc., están totalmente alejadas de la realidad de esas ciudades que en muchas ocasiones carecen de servicios básicos.

Creo que las estrategias para impulsar la sostteniblidad en éstas ciudades deben ser distintas; esto último lo comento más en referencia a tu otro post sobre smart city: son necesarios estos debates y avanzar hacia la ciudad inteligente, pero no nos olvidemos que el grueso del problema de la sostenibilidad es albergado en "ciudades en pre-desarrollo" (por cierto, me ha gustado mucho eso de "no es inteligente construir en medio del desierto" en relación a la eco-ciudad Masdar...).

Tras esta parrafada vuelvo a felicitarte por el artículo, el cual me ha gustado mucho aunque no lo parezca...

Gracias, Iván, por dedicarle un tiempo al post (a la serie completa). En lo del párrafo segundo de tu comentario no estoy muy de acuerdo, o igual hay más matices sin perderse tampoco en disquisiciones pero sí pienso que el modo de vida urbano (la manera en la que funcionan las ciudades) es origen de los problemas. Como parece que es entrar en "qué viene antes, ¿el huevo o la gallina?", igual hay que dedicarle más tiempo a precisarlo. Me lo apunto, porque entiendo en parte la duda que planteas.
También "me pillas" en el tema de diferenciar ciudades en países en desarrollo. Efectivamente, me he hecho la trampa a mí mismo porque planteo un problema global, creciente en otros entornos, pero después pienso en soluciones para nuestro contexto más cercano. Es un tema que desconozco más y me cuesta entrar, pero el análisis sin duda, tendría que incluir muchos más componentes.

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Bibao 1978. Veterinaria. Tuvo claro nada más terminar la carrera de veterinaria que su futuro estaba sobre el terreno y no en consultas o clínicas de barrio. Después de trabajar en centros de recuperación de especies en Venezuela y Holanda, llegó a Indonesia en 2003 y quedó enganchada por la sensación de haber encontrado finalmente un sitio donde su labor podía marcar la diferencia. Desde entonces, Karmele Llano representa la esencia misma del compromiso personal con la sostenibilidad de nuestro Planeta y de nuestra propia dignidad como seres humanos, mediante la lucha por preservar de una...

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Revista Técnica de Análisis Socioeconómico 09

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