Wikileaks ha abierto la caja de Pandora, no sólo de los secretos de estado y ahora también de los secretos bancarios, sino que ha abierto la veda para proclamar con entusiasmo el inicio de una nueva era de promesas de transparencia y de nuevos poderes ciudadanos. Sin duda, es cierto que ha mostrado las debilidades del sistema y, sobre todo, el potencial que puede tener hacia nuevos caminos de libertad subidos en el tren de las redes. Pero, ¿es para tanto? Para algunos, no deja de ser un modelo que, en el fondo, sigue cayendo en la recentralización del poder y no nos acerca a ser más libres. En una línea crítica similar, Evgeny Morozov acaba de publicar un libro que trata de poner los pies en el suelo sobre las expectativas quizá demasiado optimistas que se han puesto sobre wikileaks como reflejo de una época pero, en general, sobre el ciber-optimismo utópico. Un post de P2P Foundation recoge extractos de tres reseñas libro "El engaño de la red" (The Net Delusion. The dark side of internet freedom) que, a falta del libro, bien valen para entender algunos de los argumentos del autor.
En estos tiempos buscamos en revoluciones lejanas la pasión que falta para las no-revoluciones de aquí, y abrazamos hoy Túnez, ayer Irán y mañana vaya usted a saber qué incógnito país, pero sólo porque parecen caminar a lomos de mensajes de 140 caracteres. Ese debate de "la revolución será tuiteada" y "la revolución no será tuiteada" es lo de menos, salvo para entretenerse en debates estériles tan propios de la ciclotimia 2.0. ¿Y si, en realidad, después de todo, fueran los regímenes autoritarios los que mayor beneficio estuvieran sacando de la web?
El tecno-optimismo crea monstruos pero, como buenos hijo de la hipermodernidad, sólo duran unos instantes fugaces. Leer La cultura-mundo es lo que tiene, que cada página que paso estoy más cerca de pensar que vivimos atrapados en la banalidad mientras las cosas importantes, los conflictos de toda la vida, son los mismos pero ya no los reconocemos. Los políticos, las guardias pretorianas de los grandes partidos, han fagocitado las promesas de la política 2.0, enorme entretenimiento de la sociedad occidental ante la falta de revoluciones aquí. El pensamiento se vuelve simple, que quepa en un tuit o facilite un me gusta/no me gusta impulsivo, vacío, descontextualizado y contradictorio con el siguiente me gusta/no me gusta. Adhiérete, súmate, pon tus clicks al servicio de una idea pasajera, pon tus hashstags al timeline del progreso. Entretenido estás con el poder que te da tu ipad, que, de mientras, las cosas pasan. Wikileaks es la ficción de que tenemos el poder en nuestras manos, la ilusión de la sedición frente al orden establecido.
Se me pasará. Bueno, mejor no.
Imagen tomada de RD.2011 bajo licencia CC BY-NC 2.0
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Comentarios
Mejor que no se te pase. De todas formas, algo es algo, ¿no?
Por lo menos está la opción de seguir intentándolo. Yo creo que sí hay más opciones ahora. Tengo buenos amigos tunecinos que han estado informando por facebook, y han conseguido comunicar cosas que yo creo que hace poco les hubieran parecido impensables.
No sé, algo es algo, insisto.
Saludos y gracias
Sí, claro que las redes sociales facilitan muchas cosas pero estoy convencido de que son el reflejo de otras cosas no tan positivas. Hoy digo que son reflejo y no la causa porque es verdad que Twitter no ha inventado la fugacidad de las cosas (por poner un ejemplo), pero sí es hoy el reflejo de esa fugacidad. Y cuando escucho lenguajes tecno-optimistas pienso que están hechos a imaagen y semejanza del pensamiento que celebra 10.000 tuits como el colmo de la movilización social.
En fin, aunque sólo sea por mantener abierta una ventana a la cordura para tene los pies en el suelo.