Productos y servicios ecológicos: necesariamente más caros

Mié, 17/02/2010 - 18:59
productos Competitividad servicios ecológicos

La creciente conciencia social acerca de los problemas ambientales que genera nuestro modelo productivo, así como la cada vez más desarrollada legislación al respecto, está contribuyendo a generar una demanda creciente de productos y servicios denominados ecológicos.

Los consumidores, además de atender al precio o a las características propias del producto, se preocupan cada vez más sobre el impacto que se genera sobre el medio ambiente, tanto en la fase de producción como una vez finalizada su vida útil. Sumado a esto, las evidencias científicas de los daños que sobre el medio ambiente e incluso sobre la salud humana provocan ciertas actividades productivas suponen un motivo más para que los gobiernos apliquen diferentes regulaciones de protección ambiental.

Estos productos ecológicos, en ocasiones adelantados a esta regulación como una estrategia empresarial de anticipación a los futuros requerimientos del mercado, deben ir necesariamente acompañados de un sistema de certificación que avale las características propias de un producto ecológico, algo que, como veremos más adelante, se aplica de diferente manera según el sector productivo.

Podemos encontrar una amplia gama de productos y servicios en diferentes sectores productivos que, bajo el marchamo de ecológico, intentan integrar ciertas consideraciones ambientales para disminuir su impacto respecto a sus alternativas convencionales. Esta integración, basada en el análisis del ciclo de vida, suele incrementar el coste de producción, representando un factor limitante de la competitividad de estos productos, al menos en precio. El agrícola, el forestal, el del turismo, o el energético representan algunos ejemplos de sectores donde este tipo de productos van incrementando su cuota de mercado cada vez más. Esta situación puede ejercer un poder tractor sobre el resto actividades para, integrando los costes ambientales, hacer más competitivo nuestro tejido productivo desde una perspectiva sostenible.

Nuevo logo de agricultura ecológica de la UE

El sector que más frecuentemente se asocia a los productos ecológicos es el de la agricultura. En este campo España ha registrado un notable incremento en la superficie dedicada a agricultura ecológica: mientras que a principios de los años 90 apenas había superficie dedicada a este tipo de agricultura, en 2008 se contabilizaban más de 1,3 millones de hectáreas, lo que significa un 4,0% respecto a la superficie agrícola total, cifra todavía por debajo de la media europea.

Este tipo de producción ecológica, apoyada por normativa europea, incorpora medidas agroambientales que contribuyen a proteger el medio ambiente y, a la vez, es percibida como una actividad de mejora de la competitividad en el sector agrario, desarrollando la capacidad local de creación de empleo y la diversificación. Por su parte, el consumidor ve asegurada la calidad del producto a través de un sistema de regulación que certifica la incorporación de una serie de criterios ambientales en los métodos de producción. Según el Estudio de Mercado del Observatorio del Consumo y la Distribución Alimentaria sobre productos ecológicos, la gran mayoría de los consumidores es consciente de que los métodos de producción ecológica son menos agresivos con el medio ambiente, pero al justificar su compra las principales razones que se argumentan es que son productos más saludables, con mejor sabor y mayor calidad, destacando además que son productos más caros.

Y es que el precio de los productos y servicios ecológicos es, por lo general, más caro que su alternativa convencional. La incorporación de criterios ambientales suele conllevar un incremento en los costes de producción que, en el caso de la agricultura ecológica, se salva ofreciendo productos de mayor calidad. Además, un factor determinante para la competitividad de estos productos es el apoyo económico que recibe por parte de la administración pública, sumando a las subvenciones convencionales de la PAC europea una financiación extra por las peculiares características de los métodos productivos empleados.

Sello FSC

Otro sector en el que se está promoviendo los productos ecológicos es el forestal. Al igual que en la agricultura, el mercado de productos forestales ecológicos se soporta gracias a un sistema de certificación internacional avalado por la asociación FSC (Forest Stewardship Council), la cual promueve la gestión forestal ambientalmente responsable, socialmente beneficiosa y económicamente viable en los bosques de todo el mundo. En España este mercado es incipiente, pero se encuentra en clara progresión: mientras que en 2003 no existía ninguna superficie dedicada a este tipo de bosques, en 2009 más de 120.000 hectáreas se dedicaban a la gestión forestal bajo los estándares FSC. Además, las empresas que venden y compran productos provenientes de explotaciones FSC también se encuentran certificadas (188 en la actualidad), obteniendo por ello ventajas como la capacidad de introducirse en mercados donde los productos FSC tienen una elevada demanda (Reino Unido, Holanda, Francia, etc.), o la mejora de la imagen de marca. Como contrapunto, vuelve a destacarse el mayor precio de este tipo de productos.

The International Ecotourism Society

Por otro lado existen sectores donde la aplicación del concepto ecológico resulta más extensa y, a la vez, menos definida. Tal es el caso del ecoturismo, cuya definición empleada por The Nature Conservancy se refiere a "viajes ambientalmente responsables a las áreas naturales, con el fin de disfrutar y apreciar la naturaleza y cualquier elemento cultural, tanto pasado como presente, que promueva la conservación, produzca un bajo impacto de los visitantes y proporcione la activa participación socioeconómica de la población local". A nivel mundial, el ecoturismo ha crecido entre un 20 y 30% desde 1990, creciendo tres veces más rápido que todo el sector turístico en 2004. En España, la Organización Mundial de Turismo estima que el 6% de los ingresos del sector proviene del ecoturismo, siendo el motivo principal del viaje para el 5% de los visitantes. El mayor precio que los turistas pagan por estos servicios suele canalizarse con más eficacia hacia la población local, siendo además los gastos por persona durante la estancia más elevados que en el tradicional turismo de masas (por ejemplo en el Parque Nacional de Komodo (Indonesia), los turistas independientes gastan unos 100 $ por visita; los turistas que acuden a través de algún paquete turístico gastan la mitad; y los que llegan en un crucero dejan de media unos 3 céntimos en la economía local. TIES Global Ecotourism Fact Sheet, The International Ecotourism Society, 2006)

El energético es un sector que, por necesidad, ofrece un servicio cada vez más respetuoso con el medio ambiente, fundamentalmente en cuanto a su contribución al cambio climático. El futuro agotamiento de las reservas de petróleo y la búsqueda de fuentes energéticas no contaminantes ha propiciado el desarrollo de un sector renovable en alza constante. En España, uno de los referentes mundiales en renovables, el sector evolucionó desde un 0,31% de contribución al PIB total en 2005, hasta un 0,43% en 2008. En términos de empleo directo, se ha pasado de 46.339 trabajadores en 2005 hasta los 75.466 en 2008. Además, en 2008 las energías renovables generaron el 13,4% de la electricidad total producida por el sistema energético, evitando la emisión de 23,6 millones de toneladas de CO2 equivalente (respecto a tecnologías convencionales basadas en combustibles fósiles). Seguridad energética y cambio climático son los dos principales factores que están moviendo este sector hacia la búsqueda de alternativas menos contaminantes. En este caso existe además una regulación internacional asumida por la Unión Europea tras la firma del protocolo de Kyoto, frente al incumplimiento de la cual las empresas afectadas pueden recibir sanciones económicas, y un sistema de primas que compensa el mayor coste de implantación de la tecnología de generación eléctrica de origen renovable.

Imagen tomada de FLOW (Canadian perspectives on energy)

A raíz del cambio climático diferentes expertos han propuesto la introducción de una tasa de carbono que grave las emisiones de gases de efecto invernadero. Puesto que casi cualquier actividad productiva utiliza energía y, a día de hoy, genera emisiones, la introducción de un instrumento como éste iría en la dirección de integrar los costes ambientales en el sistema económico. La aplicación de dicho concepto puede suponer un buen elemento para hacer competir a los productos ecológicos con los convencionales en igualdad de condiciones. Seguramente la tasa de carbono no es la solución única, pero va en la línea de contemplar en el balance económico de un determinado producto o servicio los costes ambientales que, por lo general, quedan difuminados en la cadena de valor.

Esto último es, quizás, el elemento principal que, de aplicarse, incrementaría la competitividad de los productos y servicios ecológicos. La integración de los costes ambientales puede además ejercer un efecto tractor sobre el resto del sector productivo que, necesariamente, deberá adaptarse para incrementar su eficiencia y considerar todo el ciclo de vida del producto.

Las sociedades desarrolladas deben asumir la integración de estos costes ambientales, lo cual significará un incremento generalizado del precio de los bienes de consumo. A escala global, los estudios sobre la huella ecológica evidencia que el modelo de consumo de los países desarrollados es totalmente insostenible. Nuestro estilo de vida genera un gran porcentaje de costes que no estamos internalizando en nuestro sistema económico, sino que se están trasladando a las futuras generaciones, en especial a las que viven en los países en desarrollo. Productos y servicios ecológicos como los descritos representan ejemplos de cómo se puede adaptar nuestro modelo productivo al marco que requiere la sostenibilidad, siendo necesario seguir extendiendo sus fundamentos y principios al resto del sistema económico. Por nuestra parte, como consumidores, debemos empezar por asumir que nuestro estilo de vida será cada vez más caro...

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Comentarios

Gracias Iván, aportas mucha información y muy bien sintetizada.

Solo quería hacer un comentario aprovechando el sector que más de cerca me coge, que es el sector agrícola. En mi opinión, difícilmente puede considerarse “ecológico” un producto producido en China y consumido en España, por más que en su producción no se hayan empleado productos químicos de síntesis.

En este sentido, muchos movimientos están empezando a vincular lo ecológico con lo local y esto es algo que están aprovechando muchos productores ecológicos locales para idear nuevos sistemas de distribución de sus productos. Al estar más cerca del consumidor, pueden eliminar intermediarios (que son con diferencia los que mayor beneficio obtienen de la venta de los productos) y llevar los pedidos directamente al hogar de grupos de consumidores, que pueden realizar su pedido por internet. Así se logra abaratar costes y el precio final que paga el consumidor no difiere mucho del precio en el supermercado de los productos no biológicos.

Estoy de acuerdo contigo en que la integración de los costes ambientales traerá un incremento del precio de los bienes de consumo producidos y comercializados según los cauces actuales; pero quizá ese encarecimiento haga que se generen nuevos modelos en muchos sectores que permitan una distribución de los beneficios más equitativa a lo largo de la cadena y atenuar además ese incremento de precios.

Un saludo!

Manuel, gracias a ti por tus comentarios. Coincido en lo que expones. En general el concepto de producto ecológico se debe ligar a lo local. En primer lugar, porque siempre será más sostenible basar la producción en recursos próximos, propios de cada lugar, lo cual suele llevar a la máxima eficiencia. En segundo lugar, además de las emisiones generadas por el transporte, es necesario conocer los métodos de producción, no solo en cuanto a aspectos ambientales, sino en relación a aspectos sociales y de los trabajadores.
En cuanto a lo del incremento de precios generalizado, creo que es algo que irremediablemente se va a dar y, como tu apuntas, la cuestión es cómo hacer un reparto de beneficios más equitativo a lo largo de la cadena de valor.
Saludos.

¿Por qué algo tan sencillo y tan obvio no se pone en marcha? Necesitamos establecer esa tasa para gravar duramente y proporcionalmente los productos cuya huella ecológica sea excesiva, y destinar lo recaudado para que los productos y servicios ecológicos lleguen al gran público y no sólo a unos privilegiados, le tenemos miedo a la palabra subvención porque parece que es dinero regalado, cuando no es así. Nos estamos engañando con un modelo productivo caduco basado en la destrucción de nuestro planeta, tememos el proteccionismo, el pago de impuestos, tasas... Deberíamos darnos una oportunidad para que, proporcionando ayudas públicas provenientes de los impuestos, las empresas se adapten a un modelo sostenible y penalizar duramente mediante las tasas, el modelo actual. Hasta que los productos y servicios ecológicos no lleguen (subvencionandolos mediante las tasas) al ciudadano medio y al ciudadano con pocos recursos económicos, no servirán de nada los esfuerzos que se hagan en cambiar nuestra mierda de modelo económico. Estoy de acuerdo con vosotros en el reparto equitativo a lo largo de la cadena de valor, pero sin que suponga pérdida de puestos de trabajo, vivimos obsesionados con la optimización y productividad para "abaratar" costes (¿y los costes sociales?), pero si vendemos todos los productos en internet, que será de los empleados de las tiendas, de la vida de la ciudad. Soy consciente de que las nuevas tecnologías están aquí, y que es inútil no asimilarlas, pero hay ciertos aspectos que deberíamos cuidar, sobretodoen relación a sus repercusiones en el empleo. Todos necesitamos trabajar y comer y hay mucha gente sufriendo en nombre de una modernidad tecnológica irreal. Muy buen artículo Iván.

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