Lun, 01/02/2010 - 13:16
economía Competitividad sostenibilidad ecoinnovación
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La insostenibilidad de nuestro modelo productivo pone de manifiesto la necesidad de contemplar la variable ambiental como una de las claves principales de innovación. Surge así la eco-innovación, un concepto cuyas aplicaciones son numerosas y capaces de, generando beneficios económicos, favorecer la protección y conservación del medio ambiente

En momentos de crisis se repite como una letanía la necesidad de innovar como una de las prioridades para dinamizar y reactivar la economía. Se percibe la generación de nuevos productos y servicios como elemento vital para diversificar la actividad económica; se proclama el diseño y la elaboración de nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos procesos, nuevas formas de organización que, en definitiva, favorezcan la recuperación económica.

Por otro lado existe un factor que cada vez es más considerado a la hora de concebir no ya solo la innovación, sino la reorientación misma del sistema económico: el medio ambiente. Este factor, ya sea por cuestiones regulatorias o por la creciente sensibilidad social hacia cuestiones ambientales, está presente y condiciona un gran abanico de actividades productivas. De hecho son numerosas las empresas que han convertido la variable ambiental en uno de sus principales factores de competitividad, como por ejemplo las vinculadas al sector de las energías renovables, donde Iberdrola (líder mundial en energía eólica en cuanto a capacidad instalada), Gamesa (líder mundial en fabricación de aerogeneradores con una cuota de mercado en 2007 superior al 15%) o Acciona (que recientemente conectó a la red en Portugal la mayor central fotovoltaica del mundo) son claros exponentes de éxito global.

OECD Innovation Strategy

Pero el marco de la sostenibilidad, con su inherente contemplación del largo plazo y de los límites físicos de nuestro planeta, hace que sea aún más necesario incluir el factor ambiental a la hora de configurar nuevas actividades económicas. Uno de los últimos documentos de trabajo para la elaboración de la Estrategia de Innovación 2010 de la OECD expone que la guía de la transformación de los modelos de producción y consumo para alcanzar los retos de sostenibilidad a nivel global pasa por la innovación (2009 Interim Report on the OECD Innovation Strategy). Así, la innovación no se limitaría solamente a la creación y aplicación de nuevos bienes, productos o servicios para incrementar los beneficios de las empresas y mejorar la competitividad de la economía, sino que pasaría a contemplar, necesariamente, la mejora ambiental como uno de sus principales objetivos.

En este contexto se presenta la eco-innovación, una ampliación del concepto de innovación cuyo desarrollo y aplicación puede ser capaz de reorientar el sistema económico en la senda de la sostenibilidad, siendo necesario para ello que todos los agentes socio-económicos consideren la protección, conservación y mejora del medio ambiente como elementos intrínsecos al proceso innovador.

ETAP

Por lo general el concepto de eco-innovación se liga a sectores tecnológicos relacionados con la eficiencia energética y las energías renovables, así como con tecnologías que eviten, minimicen o remedien el impacto ambiental, como por ejemplo las vinculadas a la prevención de la contaminación, depuración de aguas y aire, etc. (esto se visualiza muy claramente en el Environment Technology Action Plan, la iniciativa más potente de la Unión Europea en el marco de la eco-innovación). El cambio climático ha puesto de manifiesto la necesidad de establecer un modelo energético de bajas emisiones de gases de efecto invernadero, dando pie al desarrollo de nuevas tecnologías de generación energética basada en fuentes renovables. Por otro lado, la creciente consideración sobre las negativas consecuencias de ciertas actividades productivas tiende a fomentar nuevos sistemas y procesos que minimicen el impacto sobre el medio ambiente o que remedien los daños generados.

Es en estos sectores donde es más evidente la relación con el concepto de eco-innovación pues, en el caso de las renovables, se está llevando al mercado (con rentables beneficios para las empresas implicadas) nuevas tecnologías energéticas capaces de evitar las emisiones de GEI cuya excesiva concentración en la atmósfera ocasionan el cambio climático. Y resulta aún más evidente si hablamos de contaminación de suelos o agua: se generan nuevas tecnologías y procesos capaces de remediar un daño ambiental sobre el que anteriormente ni se prestaba atención ni existían soluciones eficaces.

Esta concepción de la innovación puede y debe ser trasladada a otros sectores productivos para avanzar más decididamente hacia una economía sostenible. En muchas ocasiones las empresas, buscando abaratar costes de producción, minimizan la utilización de materiales o energía, por lo que indirectamente ya están llevando a la práctica el enfoque eco-innovador.

Pero es a través de la adquisición consciente de este enfoque y de la consideración del medio ambiente como elemento fundamental en el modelo de negocio como las empresas pueden obtener mayores retornos: por ejemplo adelantándose a un marco regulatorio cada vez más exigente en materia ambiental, lo cual puede situar a la organización en una posición ventajosa frente a sus rivales a la vez que ofrece una buena imagen de cara a un consumidor cada vez más responsable en cuanto a lo que adquiere; o, teniendo en cuenta el análisis del ciclo de vida de sus productos, desarrollando nuevos modelos de negocio para dar una salida rentable a residuos que anteriormente constituían un coste adicional. Un buen ejemplo en este sentido es la nueva unidad de negocio que Cisco configuró para dar una salida rentable al material informático usado que le llegaba: mientras que en 2004 el coste de reciclaje rondaba los 8 millones de € al año y sólo se reutilizaba el 5% del material que recibían, en 2008, gracias a la actividad del "equipo de recuperación de valor", dicho coste se redujo en un 40% mientras que la reutilización se incrementó hasta el 45%.

Imagen tomada de www.weeecyclers.org.uk

Además resulta importante valorar la eco-innovación desde una perspectiva sistémica. Puede darse el caso de que un nuevo producto implique mayores costes ambientales durante su fabricación (en cuanto a consumo de recursos) respecto al producto al que sustituye, pero el servicio que prestará generará un menor impacto durante su vida útil. Por ejemplo un nuevo modelo de locomotora que, implicando un incremento de recursos durante su producción (respecto a una locomotora de menores prestaciones), fomenta la utilización del transporte público ferroviario frente al desplazamiento en transporte privado. En términos netos, ese nuevo producto está evitando el consumo de combustible fósil y la consiguiente emisión de CO2 de decenas de automóviles, siendo capaz de ofrecer el mismo servicio, o incluso mejor, al consumidor. En relación a este enfoque sistémico, una tendencia poco halagüeña para la sostenibilidad de la economía en España queda reflejada por la tasa de crecimiento de la productividad de los recursos (cantidad de material que requiere una economía para identifica tendencias en la intensidad del uso de materiales de los procesos económicos), la cual no ha aumentado nada entre 1993 y 2004, en contraposición con países como Reino Unido (41,4% de incremento), Francia (38,0%) o Bélgica (28,0%).

La adopción de la eco-innovación por parte del tejido productivo debe ir acompañada, en primer lugar, por una fluida coordinación entre la administración ambiental e industrial y el resto de actores que desarrollan políticas de innovación (tal y como refleja el Environmental Outlook to 2030 de la OECD); por otro lado, es necesario el soporte de un marco regulatorio adecuado que ponga en práctica políticas fiscales ecológicas dirigidas a internalizar los costes ambientales, como por ejemplo la tan citada tasa de carbono. Se trata, en definitiva, de que todos, empresas y consumidores, paguemos realmente por lo que producimos y consumimos, teniendo en cuenta el impacto ambiental producido y los costes que conlleva (imaginemos las implicaciones que, por ejemplo, tendría el hecho de considerar el "coste social" del carbono en 85 $, tal y como expone el Stern Review of the Economics of Climate Change). Para determinadas actividades productivas se hace necesario además valorar económicamente los servicios ambientales que nos proporcionan los ecosistemas (absorción de carbono, regulación hídrica, banco genético, etc.), de manera que seamos conscientes de lo que se gana o se pierde cuando conservamos o destruimos nuestro entorno natural.

Por último, es necesario que, como sociedad, aumentemos nuestro grado de concienciación acerca de las implicaciones que nuestras pautas de consumo tienen sobre el medio ambiente. Atendiendo al enfoque eco-innovador necesitamos cambiar ciertos hábitos que fomentan un consumo desmesurado de bienes de necesidad creada por los que además pagamos un precio que no es real. Necesitamos asumir una nueva visión de la realidad que, en términos de sostenibilidad, debe tener en cuenta los límites de nuestro planeta y las oportunidades de desarrollo de las generaciones que están por venir. A fin de cuentas, la eco-innovación recoge esa visión a través del consumo inteligente, reciclaje y reutilización de los recursos y la consideración del origen y destino de todo aquello que empleamos para nuestro desarrollo vital sobre la Tierra.

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Comentarios

Un artículo de Fast Company (http://www.fastcompany.com/blog/aron-cramer/sustainable-excellence/susta...) hace dos precisiones de interés:

La verdadera innovación es disruptiva.
El vínculo entre sostenibilidad e innovación no siempre es claro.

Muy interesante el artículo que indicas Manu. No contemplaba ese tema en el artículo, pero me parece una cuestión clave en cuanto a innovación y sostenibilidad. Estoy de acuerdo en lo de la innovación disruptiva, pero según que sectores. Y también creo que se debe dar una "ecoinnovación disruptiva" en cuanto a valores en la sociedad. Este es otro tema que tampoco he tocado en el artículo pero que es también muy importante: el modelo de consumo, cómo utilizamos las cosas y para qué las utilizamos. Imaginemos un nuevo vehículo mucho más eficiente que sale al mercado a un precio asequible. Más personas pueden acceder a él, y como es más eficiente lo utilizan más; resultado: un consumo de recursos mayor, aunque el producto en sí sea menos contaminante (efecto rebote de la ecoinnovación).

Enhorabuena Iván por el artículo. La ecoinnovación es una componente muy potente de la innovación en la actualidad. Os invito a visitar uno de los últimos briefings de Trendwatching: FUNCIONALL(http://trendwatching.com/briefing/). En este capítulo presentar una serie de productos sencillos, más eficientes y más baratos que representan en muchos casos muy buenos ejemplos de eco-innovación. Como el modelo de Nokia recargable con células solares, la bolsa que también incorpora células solares para recargar tus aparatos eléctricos o los ejemplos de "minicoches" de Tata (http://www.tata.com) y otras compañías de automoción asiáticas. La ecoinnovación tiene mucho futuro!

Son pocas las ocasiones en las que un prefijo define claramente como debería ser la relación entre los individuos y la sociedad, la filosofía política correcta en la que se deben aunar esfuerzos si queremos afrontar el grave problema al que la sociedad actual se enfrenta en nuestros días, en referencia al cambio climático y al modelo económico y social al que aspiramos y que debe compatibilizarse con la conservación del medio natural.
Distinguir entre innovación y eco-innovación, es fundamental ya que, aunque se podría englobar dentro del primero, el concepto de innovación predominante en la actualidad (llamémosle p ej. neo-innovación) es en muchos casos contrario al concepto de eco-innovación que defiende y expone Iván en su artículo. Hoy en día, banalizando un poco, se llama innovación al televisor que tiene 100 Hz, en lugar de 50 Hz (es increíble lo bien que se ve el balón del fútbol con el de 100, no hay color....). De repente, una máquina industrial (de un coste elevado, con un diseño muy bonito, y estandarte de la modernidad y el futuro) que se precisaba para fabricar un pedido de 100.000 aceleradores, queda obsoleta y para el desguace porque el acelerador nuevo a desarrollar, tiene forma de pingüino (es una exageración), la obsoleta fábrica aspirante a ser deslocalizada, tiene que cerrar y despedir a sus trabajadores antes de tiempo. No tenemos paciencia para innovar, existe una cultura económica de la innovación para el consumo hoy y tiro a la basura mañana que nada tiene que ver con el concepto de sostenibilidad. Es cierto sin embargo que existen avances que han aportado y aportan mucho a nuestra sociedad.
Voy a intentar en este comentario “breve” estructurar un poco el aluvión de pensamientos y cuestiones que el autor de este artículo ha provocado a uno de sus lectores:
La eco-innovación parte en desventaja frente a la "neo-innovación":
la eco-innovación requiere de un mayor esfuerzo de investigación y medios económicos y además llega al mercado con un precio (no valor) muy superior en muchos casos al mismo producto neo-innovador. Ejemplos de lo expuesto podrían ser los productos para la construcción de viviendas sostenible, la tecnología híbrida en automoción, o la agricultura biológica (me resulta extraño, llamarle innovación a aquello que practicaban nuestros ancestros).
La neo-innovación se sustenta en los principios de crecimiento y productividad máxima, para obtener ingentes beneficios a corto plazo; sin embargo, la eco-innovación se sustenta en la optimización de los recursos existentes desde su producción hasta su reutilización, pensando en los beneficios a medio y largo plazo.
La neo-innovación es socialmente más popular, ya que proporciona “en teoría” rápidamente los puestos de trabajo que tanto necesitamos.
Los productos resultantes de la eco-innovación requieren de un estudio más concienzudo, ya que su vida útil necesariamente debe ser mucho mayor que la de los productos resultantes de la neo-innovación. Me trato de explicar, los productos sufren dos tipos de “envejecimiento”, el tecnológico y el material, no obstante, hoy en día los productos a diferencia de otros tiempos en lugar de repararse o poder adaptarse tecnológicamente se cambian por otros más nuevos, baratos y bonitos, no existe una cultura del mantenimiento, recambio de piezas o componentes que alarguen la vida de los mismos. Estamos perdiendo el concepto de artesanía.
La globalización a día de hoy afecta muy negativamente a la eco-innovación, aunque es cierto que este perjuicio se ha atenuado bastante gracias a la concienciación de una pequeñísima parte de la población, una población privilegiada, que puede permitirse pagar la diferencia de precio (no valor) entre el eco-producto y el neo-producto. Vuelvo a intentar explicarme. ¿Quién puede competir, con un neo-producto ultramini y ultranecesario fabricado en una deslocalizada minifábrica dónde los trabajadores cobran minisalarios, tienen miniderechos sociales y que usan como energía minicentrales contaminantes? Pues aquel que tenga unas oficinas alimentadas con energía solar, tenga el sello de empresa ejemplar y que importe sus productos de algún lugar secreto dónde los trabajadores disfrutan de buenos salarios y derechos sociales, por supuesto.
Iván menciona, buenos ejemplos de empresas que han hecho sus deberes medioambientales, al menos en parte; ¿pero que va a pasar cuando aquellos países asiáticos y africanos o iberoamericanos fabriquen también los aerogeneradores, las placas solares y demás productos eco-innovadores? Que nuestras empresas deberán de nuevo eco-innovar para mejorar aún más los suyos, para que tengan un mayor añadido frente a los productos asiáticos (Esto es una pésima noticia, ya que las eco-innovaciones se convierten finalmente en neo-innovaciones, se pervierten en gran parte, pierden su objetivo y fin social) o bien deslocalizar sus fábricas de productos eco-innovadores con la consiguiente consecuencia de que alguien deberá innovar para dar trabajo a los nuevos desempleados.
Creo estar de acuerdo con el autor, en que las medidas a adoptar en fomentar las eco-innovaciones deben ser globales para que realmente cumplan su objetivo. En ello radican las cumbres como la de Copenhague; el problema es que para que surtan efecto, se deberían compensar las desigualdades económicas y sociales existentes y este no es un problema menor, al contrario. ¿Por qué? Porque por ejemplo, la mayor potencia económica de Asia, necesitaría abandonar su política económica desaforada de neo-innovación y no tiene recursos para ello, y el primer mundo, me atrevo a decir que a corto plazo tampoco.
Constituye una buena idea, tal y como se propone en el artículo establecer tasas que generen los recursos necesarios para emprender los cambios necesarios. Lo cierto es que me dan un poco de miedo, por un lado, estaríamos penalizando (bien) las neo-innovaciones dañinas y perjudiciales disminuyendo las diferencias de precio con respecto a las eco-innovaciones, pero se daría la paradoja (me acabo de acordar de otro artículo del autor) de que supeditaríamos los ingresos necesarios para acabar con las desigualdades entre el primer y tercer mundo al consumo de neo-productos perjudiciales.
Cómo compatibilizar el desarrollo de las eco-innovaciones sin que se deteriore aún más a corto plazo la situación económica mundial y en particular la nuestra, es una cuestión a la que hay que dar un respuesta inmediata y urgente. (Esta última frase no sirve como reflexión, es una obviedad, pero se me ha pasado por la cabeza y queda bonito)
La eco-innovación no debe contemplarse como una parte de la innovación en general (ya hablo de la eco-innovación como si la conociera antes de leer el artículo…..), sino como la única viable y válida para todos los sectores económicos, sin excepción, para los que producen bienes directamente de la naturaleza, para los obtenidos a partir de las materias primas y para aquellos bienes del sector servicios.

Uno de los retos fundamentales de la eco-innovación es proporcionarnos un medio de sustento de trabajo a todos, esto es básico, necesitamos un trabajo. Ningún proyecto sostenible es viable si no proporciona los puestos de trabajo necesarios.
Una actividad que creo proporcionaría muchos puestos de trabajo es el de mantenimiento de los productos e instalaciones eco-innovadoras. (se que me repito, pero creo que es importante, somos muchos y todos necesitamos un puesto de trabajo, deberíamos valorar más a lo artesano, la mano de obra)
No compartía y creo que no comparto contigo Iván el ejemplo de la locomotora; me asaltan las dudas, por un lado estoy contigo en que se debería fomentar la producción de una nueva locomotora con mejores prestaciones para incentivar el transporte público frente al privado pero eso es lo que hacemos hoy en día (y esta es la base del crecimiento y productividad actual), e incluso hacemos trazados ferroviarios nuevos con un grandísimo impacto medioambiental que acortan tiempos de viaje; es cierto que si se tomaran estas medidas que comenta Iván y se dejaran de fomentar también las contrarias que favorecen el transporte privado, funcionaría el ejemplo, pero se perderían muchos puestos de trabajo provenientes de los productos neo-innnovadores de la industria del transporte privado. Creo que la eco-innovación debería aspirar a mejorar lo que por fortuna o desgracia tenemos, conservando lo que ya tenemos y no cambiándolo. Estoy entrando en terreno peligroso, voy a tratar de ofrecer una alternativa a la crítica anterior:
Hace unos pocos años, en las casas no se separaba la basura, un único cubo de basura parecía la opción perfecta (era la locomotora perfecta, el coche perfecto), ahorrábamos tiempo (no había que perder tiempo en separar, todo iba al mismo lado, ahorrábamos espacio (sólo había un cubo) y no nos despertaban por las noches vaciando el cubo del vidrio (este se entremezclaba con el papel y amortiguaba el ruido), además era más económico para el ayuntamiento y por tanto pagábamos menos tasa e impuestos. Ahora tenemos un cubo amarillo, uno para el vidrio, una bolsa para el papel, un recipiente para el aceite y otro para los residuos orgánicos y otros, y es más, cuando se acaban las pilas las guardamos en un bote, cuando cambiamos los muebles llamamos al ayuntamiento e incluso llevamos la TV vieja al punto limpio que está a unos pocos cientos de metros o kilómetros, según. A pesar de las “incomodidades”, no lo discutimos, porque hemos llegado a la conclusión acertada de que es lo que debemos hacer y creemos en ello, creemos que merece la pena ese esfuerzo, e incluso uno mayor si se precisara. Además hemos creado muchos puestos de trabajo. ¿Por qué tenemos que hacer un viaje Madrid –Donosti a en 2 horas? ¿Merece la pena el desastre medioambiental?, yo creo que no. Podemos mejorar el rendimiento de los trenes que circulan hoy en día y acortar en parte el tiempo de viaje de unas 5 horas y media. Creo que sí.
Podemos incrementar el uso del transporte público sin la necesidad de proporcionar el mejor y el más rápido (tenerlo es cierto que ayudaría, por supuesto).
Creo sinceramente que la dinámica establecida de que hay que tener siempre algo con mejores prestaciones (la tele de 100 Hz), es una de las causas que nos ha conducido a esta situación.
Para finalizar este brevísimo comentario quisiera apoyar la última parte del artículo de Iván, que es fundamental desde mi punto de vista; la innovación que se debe merecer el prefijo eco es aquella que realmente aporta bienes y servicios a la sociedad, corremos el riesgo de la autocomplacencia y la generación de una burbuja de ingeniería económica medioambiental irreal. Los privilegiados (nota: hay mucha gente en el mundo concienciada y con una formación ecológica sostenible mucho mejor que la nuestra y que además ponen en práctica todos los días, pero desgraciadamente carecen de poder e influencia en la sociedad) que hemos tenido acceso a una formación y concienciación medioambiental suficiente (aquí me meto no sé porqué)y tenemos la capacidad de influir (¡Qué iluso soy!) podemos caer en la misma tentación en la que cayeron aquellos que inventaron la ingeniería financiera y vendieron humo pensando que estaban descubriendo una fuente de riqueza inagotable. Debemos mantener los pies en el suelo y fomentar una economía sostenible real, basada en productos y servicios reales. Los seres humanos (desgraciadamente no todos) comemos productos procedentes de la agricultura, pesca y la ganadería (en el futuro espero que sean todos productos procedentes de explotaciones sostenibles y respetuosas con el medio ambiente), consumimos productos que hay que transportar y nos transportamos (en el futuro espero que en medios de locomoción sostenibles) vivimos bajo un techo (en el futuro realizadas con materiales sostenibles y autosuficientes energéticamente), bebemos y consumimos agua (en el futuro procedentes de una política hídrica sostenible), generamos residuos (en el futuro reutilizables 100%, depuradas 100%), nos educamos, nos curamos, nos administramos, consumimos cultura, nos comunicamos ,…. la innovación no debe significar ni justificar la invención de necesidades y servicios irreales (no necesitamos consumir coches ecológicos nuevos cada cinco, ni siete años, p ej); no debe proporcionarnos una escusa para delegar (en los técnicos innovadores, economistas o gobiernos) o evitar nuestras obligaciones como individuos para con el medio ambiente, tampoco debe justificar una natalidad irresponsable.

Hola Nicolás, gracias por tu breve comentario, creo que ya te están abriendo tu propio blog para que desarrolles un poco más las interesantes ideas que expones... Me gustaría detenerme en cuatro aspectos concretos que señalas. El primero, respecto a la cultura de mantenimiento, la adaptación tecnológica y el recambio de piezas y componentes. En oposición al concepto de "usar y tirar", es importante concebir los productos más allá de su vida util, no sólo para gestionar correctamente sus residuos, sino para aprovechar partes del rpducto que, con la incorporación de nuevos componentes actualice y mejore sus funciones; este es un tema relacionado también con el concepto de obsolescencia programada". El segundo aspecto: no se si la tasa de carbono es la solución idónea, pero el concepto que hay detrás es el que se debería considerar a la hora de internalizar los costes ambientales de productos y servicios. Esto es algo que cada vez se tiene más en cuenta en múltiples actividades, como por ejemplo en cuanto a la gestión del agua, la gestión de residuos, etc. Actividades en las que el coste de determinados servicios queda difunimado a lo largo de la cadena de producción. Tercer aspecto: coincido contigo en que el concepto de eco-innovación debería aplicarse a todos los sectores económicos. Es más. lo ideal es que la innovación se apropie de las características de la eco-innovación. Sería como los sistemas de gestión ambiental en las empresas: lo ideal es que desaparezcan porque al final las empresas han hehco suyo, forma parte de la gestión empresarial normal. Cuarto aspecto: el ejemplo de la locomotora. A lo mejor no ha sido muy afortundao, pero lo que quería poner de manifiesto es que los resultados de la eco-innovación hay que valorarlos también desde una perspectiva sistémica. Un ejemplo contrario lo exponía en un comentario de este mismo Ateno: coches más eficientes y cada vez más baratos que al final en términos globales provocan más consumo de energía (se utilizan más) y más emisiones de GEI. Por último, volver a comentar que es de suma importancia una innovación en nuestro propio modelo de consumo, lo cual pasa por replantearnos conceptos como el de calidad de vida, solidaridad, qué es corto plazo y largo plazo, etc.
Saludos.

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Bibao 1978. Veterinaria. Tuvo claro nada más terminar la carrera de veterinaria que su futuro estaba sobre el terreno y no en consultas o clínicas de barrio. Después de trabajar en centros de recuperación de especies en Venezuela y Holanda, llegó a Indonesia en 2003 y quedó enganchada por la sensación de haber encontrado finalmente un sitio donde su labor podía marcar la diferencia. Desde entonces, Karmele Llano representa la esencia misma del compromiso personal con la sostenibilidad de nuestro Planeta y de nuestra propia dignidad como seres humanos, mediante la lucha por preservar de una...

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